Hace algunas semanas la congregación de las Adoratrices dejó nuestra diócesis tras casi un siglo de servicio y acompañamiento, principalmente a mujeres vulnerables.
Estas son las noticias que duelen, pero que a la vez nos colman de gratitud. La falta de vocaciones, entre otras razones, llevaron a la congregación a cerrar su casa en Talca. Así lo mencionó la hermana María Francisca Aravena Rojas, última superiora en la comunidad talquina.
“Es algo que sentimos muchísimo, estamos muy apenadas por tener que irnos, pero la necesidad de las vocaciones, la edad avanzada de las hermanas nos ha hecho reducirnos y salir de muchas diócesis. Eran 13 casas en el país y con el cierre de la nuestra solo quedan tres casas. Lamentablemente hemos tenido que cerrar 10 casas en Chile”.
En junio de 2027 se hubiesen cumplido 100 de presencia en Talca, sin embargo, la realidad ha dicho otra cosa. “En los inicios las hermanas tenían hogares para niñas que vivían en lugares apartados, principalmente en el campo, y que venían a estudiar a la ciudad. Poco a poco fuimos volviendo al origen de la congregación para trabajar con mujeres adultas vulneradas en sus derechos, víctimas de diversas patologías sociales, principalmente violencia de género”.
Para apoyar esta labor presentábamos una serie de proyectos, siendo uno de los mayores patrocinadores la Fundación Santuario San Sebastián de Talca. Lamentablemente a nivel estatal no existen subsidios para este tipo de iniciativas, aclara la hermana María Francisca: “Fue fundamental en el último tiempo el apoyo de la Fundación San Sebastián, yo diría unos cuatro o cinco años. Se implementaron talleres de capacitación que les permitieran generar una fuente de ingreso para su familia, a través de microemprendimientos y, además, formación humano-espiritual”.
El dolor de la despedida
Servir y acompañar por tanto tiempo genera vínculos, y perder esa relación es uno de los puntos más dolorosos al tener que cerrar la casa en Talca, confiesa emocionada la religiosa: “Es horrible, muy doloroso, recorremos cada rincón y nos estamos despidiendo hace mucho rato. A la gente le avisamos cuando se nos comunicó esta noticia. Esto ha sido como vivir un duelo. Avisamos a nuestros bienhechores que están con nosotros desde que llegaron las primeras hermanas a Talca: PF, Molino Victoria, don Emilio Iob”.
“También trabajaban con nosotras cuatro personas en la casa y quedarán cesantes. Pero esto va más allá de que sean trabajadores porque han sido mucho más que eso, han sido parte de la comunidad, parte de nosotras. Y lo más lindo es que ellas se sienten parte de la comunidad. Las chiquillas que participan en los talleres se preguntan: ¿dónde vamos a ir?, ¿qué va a ser de nosotras ahora? Este era nuestro lugar seguro. Son preguntas sin respuesta”.
La Hna. María Francisca destaca que aumentaron sus horas de Adoración y oración: “El padre Washington Sepúlveda, nuestro capellán, nos ha acompañado con la eucaristía todos los días. Compartimos la eucaristía y la oración comunitariamente para que el Señor nos sostenga”.
Alegría y promoción humana
En medio de estos momentos difíciles también hay espacio para el recuerdo alegre de tantos años de trabajo en la ciudad: “Ver chiquillas que pasaron por acá y hoy son mamás, tías o abuelas nos llena de emoción y satisfacción. Yo creo que medio Talca se educó con las hermanas en el colegio Baltasar Urzúa. Donde uno va se topa con mujeres que estuvieron en el colegio o esta casa. Ver como las mujeres se superan y han mejorado su calidad de vida, eso es impagable”.
“Muchas de ellas tienen el emprendimiento en su casa, porque la mayoría son jefas de hogar. Tienen niños que dependen de ellas, entonces trabajan en su casa, no pueden trabajar en otro lugar. En este minuto está terminando un curso de corte y multi cosas para el hogar. También hemos tenido curso de repostería y panadería, curso de cocina internacional y cocina chilena, peluquería, podología. Y como broche de oro teníamos la alfabetización digital para disminuir la brecha y para que lo ocupen en sus negocios”, destacó la hna. María Francisca.
Al momento del adiós la religiosa adoratriz destaca: “La gente nos agradece el servicio de tantos años, pero creo que la gratitud es mutua, por la oportunidad de haber estado en estas tierras. Una congregación religiosa no llega por iniciativa propia a un lugar, llega cuando el obispo lo pide y eso nos pidieron a nosotras. Entonces creo que la gratitud es mutua porque nos acogieron muy bien en la Diócesis de Talca, nos dieron la oportunidad de poder realizar nuestra vocación”.