La celebración fue presidida por el padre Hernán Vergara, párroco de la comunidad Santísimo Sacramento de la Eucaristía de Hualañé, y reunió a fieles y familias que llegaron hasta el camposanto para recordar y orar por sus seres queridos fallecidos.
Este domingo 1 de noviembre, en el marco de la celebración del Día de Todos los Santos, se realizó una eucaristía en el cementerio de Hualañé, instancia de oración y encuentro comunitario para recordar a quienes han partido y renovar la esperanza cristiana en la resurrección. La celebración fue presidida por el padre Hernán Vergara, párroco de la parroquia de Hualañé.
La misa comenzó con la lectura de los nombres de algunos difuntos, en un gesto de memoria y oración por quienes ya no están físicamente entre sus familias. Al inicio de la celebración, el padre Hernán recordó que esta es una antigua tradición de la Iglesia y de las comunidades, que permite reunirse para rezar por los difuntos, vivir este momento en paz y mantener viva la memoria sagrada de los seres queridos.
Posteriormente, se proclamaron las lecturas correspondientes a la solemnidad y, durante su homilía, el sacerdote compartió tres reflexiones centradas en la gratitud, el amor de Dios y la esperanza que nace de la fe.
En primer lugar, agradeció a la Municipalidad por hacer posible este espacio de espiritualidad en el frontis del cementerio, destacando la importancia de conservar estas instancias que permiten a las familias y a la comunidad reunirse en medio del dolor, pero también desde la esperanza cristiana. En este contexto, recordó la reciente inauguración del Jardín de la Luz, espacio dedicado a la memoria de los niños que fallecieron antes de nacer, señalando que también constituye un llamado a reconocer y valorar la vida.
El Evangelio de la vida se escribe todos los días
Como segunda reflexión, invitó a los presentes a preguntarse por el sentido de la vida y el consuelo que ofrece la fe ante la pérdida de un ser querido. Recordando las enseñanzas de san Alberto Hurtado, expresó: “El ser humano está en el mundo porque alguien lo amó. Y ese alguien es Dios. Dios me amó, Dios me ama. Y estamos invitados para que ese amor suscite en nosotros esa capacidad de amar y de ser amado. El papá, la mamá, los seres queridos, los pequeños, los que no lograron ver la luz del día y que hemos hecho un memorial: alguien los amó, y ese alguien es Dios”.
En tercer lugar, el sacerdote invitó a reconocer que el Evangelio de la vida continúa escribiéndose cada día, a través de nuestras propias experiencias y de la manera en que nos relacionamos con los demás. En ese sentido, hizo un llamado a mantenernos cercanos a quienes atraviesan momentos difíciles y necesitan compañía.
«Quisiera invitarlos para que miremos que el Evangelio no se ha terminado de escribir. El Evangelio de la vida se escribe todos los días, con su vida, con mi vida, con la vida de la comunidad, de nuestro pueblo, con la vida de una comuna, con la vida de todo el mundo (...) Quienes estamos acompañando enfermos, quienes tenemos personas mayores a nuestro lado, quienes convivimos con otros, nos dirán lo mismo: ‘Por favor, no nos dejen solos. No nos dejen solos’. No dejen abandonados a sus mayores en el hospital. Es el compromiso de la comunidad, vamos a estar presentes», expresó el párroco.
Luego de la comunión, el padre Hernán invitó a los asistentes a acercarse a las tumbas de sus seres queridos para depositar una flor, como signo de esperanza, cariño y alegría por la vida de quienes permanecen en la memoria y en el corazón de sus familias.
Con la bendición final concluyó esta eucaristía, que permitió a la comunidad de Hualañé vivir el Día de Todos los Santos desde la oración, el recuerdo y la esperanza en la promesa de la resurrección. Así como en este lugar de la Zona Costa, en diversos cementerios de nuestra diócesis se hizo oración por los que ya partieron al encuentro del Señor.